LOS SONIDOS DE LA LEYENDA NEGRA.

LA CONJURACIÓN DE VENECIA

 

Venecia. Madrugada del 19 de mayo de 1618. Los canales se llenan de cadáveres y las calles, de cuerpos colgados. Una hoguera quema dos muñecos que anhelan personificar al duque de Osuna, virrey español de Nápoles, y al poeta Francisco de Quevedo, su secretario. Es el resultado de la enigmática y confusa intriga diplomática entre la Monarquía Hispánica de Felipe III y la Serenísima República de Venecia: la Conjuración de Venecia.
La rivalidad entre Venecia y España fue aumentando de manera paralela a la ambición de Pedro Téllez-Girón, duque de Osuna, especialmente cuando su secretario y amigo íntimo, Francisco de Quevedo, alcanzó a golpe de soborno su nombramiento como virrey de Sicilia, y posteriormente, de Nápoles. Osuna, siguiendo su política enfocada a consolidar la autoridad española en Italia, ideó un complot que pretendía crear tal situación de caos e inestabilidad en la República Serenísima que justificara la actuación de la flota privada que el duque de Osuna mantenía a acecho a las puertas de Venecia. Así pues, toda una red de espías, prostitutas y personajes de autoridad que ya había organizado el embajador de Felipe III el marqués de Bedmar, reforzada por corsarios franceses y holandeses contratados para la ocasión, recibió la misión de acosar los centros neurálgicos de la ciudad, hacer volar el poderoso arsenal y hacer desaparecer como fuera el Dux para imponer un gobierno favorable a España. Una estrategia que parecía brillante hasta que una carta anónima traicionó el complot de Osuna, confirmando su existencia a las autoridades locales.
La Conjuración de Venecia había fracasado ... o quizás tuvo éxito si se da por válida la versión de que todo fue un inteligente montaje de los venecianos para sacudirse unos virreyes ansiosos de poder provenientes de tierras lejanas que pretendían hacerlo con el control de su soberanía, y con unos planes inexistentes. Al final, Osuna, Bedmar y Quevedo, que siempre se mantuvieron en su negación de responsabilidad, acabaron siendo destituidos de su cargo por el duque de Lerma.
La batalla perdida, pero, en realidad fue la de la propaganda sobre el tema que sólo sirvió para engrosar la Leyenda Negra española, que recoge historias como la que relata la ingeniosa manera como el escritor Quevedo se salvó del linchamiento, huyendo de la República de noche disfrazado de mendigo y pasando desapercibido ante sus perseguidores gracias al dominio que había adquirido del dialecto veneciano.

El programa que presentamos se inspira en la niebla musical de esta primavera veneciana de 1618, a modo de banda sonora de la controvertida Conjuración de Venecia, incluyendo compositores de las dos penínsulas que vivieron ese momento a su manera y en circunstancias diversas .

Joana Bibiloni

voz

Laura Sintes

traverso

Eva Febrer

violín

Dimitri Kindynis

viola da gamba

Ferran Pisà

tiorba

Patricia Romero

órgano