LUIGI BOCCHERINI. UNA VIDA DEDICADA A LA MÚSICA DE CÁMARA

 

Luigi Boccherini (Lucca 1743-Madrid 1805) fue un violonchelista y compositor italiano que perteneció a una familia de artistas: su padre Leopoldo era contrabajista; su hermano Giovanni Gastone, libretista de varias óperas (entre las que se cuentan algunas de Antonio Salieri y Haydn); y su hermana, bailarina.
Después de toda una etapa de formación que le llevó a Roma y Viena y de varias giras europeas con el cuarteto de cuerda que él mismo había creado, un hecho excepcional en la época, terminó a Paris donde publicó algunas de sus obras de música de cámara que se estrenaron en los conocidos Concert Spirituel.
El Embajador de España en Paris, Joaquín Anastasio Pignatelli, quedó tan impactado por la música de Boccherini, que le convenció para visitar Madrid, prometiéndole un trabajo estable bajo la protección y mecenazgo del Niño Luís Antonio de Borbón y Farnesio, hermano pequeño del Rey Carlos III. El amor precipitó la decisión del compositor: se había enamorado de Clementina Pelliccia, una cantante que actuaba en una compañía boloñesa de ópera que se dirigía a España.
Boccherini se instaló en Madrid en 1768, lugar donde residió el resto de su vida. Pero su llegada a Madrid no fue tan espectacular como se esperaba, ya que pronto Boccherini despertó celos entre los numerosos músicos italianos que ya se encontraban instalados en la ciudad. Tendrían que pasar dos años más hasta que su suerte cambiara, cuando en 1770 el Infante Luis finalmente contrató Boccherini como violonchelista y compositor. En este momento, su primer quinteto de cuerda vio la luz y supuso el pistoletazo de salida para una carrera compositiva muy prolífica, deviniendo conocido en toda Europa.
Unos años más tarde, un nuevo revés coparía y cambiaría la vida de Boccherini: en 1785 muere su esposa Clementina y, unos meses después, su patrón del Infante don Luis. En ese momento, el rey Carlos III le asignó una pensión y consiguió ponerlo al servicio de Federico Guillermo II de Prusia, violonchelista aficionado, como compositor de cámara. Este trato, sin embargo, sólo duraría un año, ya que en 1786 entró al servicio de María Josefa Pimentel duquesa de Osuna y Condesa de Benavente dirigiendo la orquesta privada que ésta mantenía, lo que el permitió entrar en contacto con grandes personalidades artísticas de momento, como el pintor Goya.
Unos años después, la vida de Boccherini se volvió a torcer, al perder el cargo junto a la duquesa y la protección que el rey Guillermo le había otorgado antes de su muerte. Abatido y arruinado, el compositor intentar sobrevivir vendiendo algunas obras a Joseph Pleyel, un editor de Paris, quien sacó un buen provecho de la situación desesperada de Boccherini. Gracias a los abusos de Pleyel, sin embargo, el compositor entró en contacto con el embajador francés en Madrid, Lucien Bonaparte, quien le consiguió, en 1800, un cargo remunerado.
Las series de quintetos opus 60 y 62 son la prueba de su agradecimiento al embajador, aquí están dedicados. Pero los dolores de cabeza aún no se habían acabado por el pobre Boccherini. Una serie de desgracias familiares, como la muerte de sus hijos y de su segunda esposa, María del Pilar Joaquina Porretti, le hicieron caer en un estado de depresión combinado con su situación de extrema pobreza que le condujo a su muerte por tuberculosis en una fría piso de Madrid en 1805.
Musicalmente hablando, Boccherini es conocido sobre todo por su música de cámara, que ha sido clasificada dentro del estilo galante. Es un compositor nostálgico, influenciado también por los jardines de Aranjuez o La Granja, por el lujo al estilo francés y por el racionalismo ilustrado.
Su contribución a la historia de la música es muy importante, ya que fue el mentor del quinteto de cuerdas con doble violonchelo, teóricamente tocando el mismo Boccherini el primero que se añadía a la formación de cuarteto de cuerda tradicional. Esta forma será utilizada posteriormente y contemporáneamente por Mozart.
El lenguaje de Boccherini se caracterizó por una refinada técnica de cuerdas, sobre todo en el violonchelo, y el control de la textura, que llegó a funcionar como moldes donde se insertaba la melodía y la armonía, dando la impresión de dibujos que van cambiando cada cierto número de compases.

Laura Sintes

traverso

Fèlix Ferrer, Margalida Gual violines

Eva Febrer

viola

Dimitri Kindynis

violonchelo